Moto Historia Georgia


#YoSoyKlaps, … hay una densa niebla y no podemos ver a más de 3 metros, la carretera  es angosta y de doble sentido, la temperatura está rondando los cero grados, encorvamos un poco nuestros cuerpos para protegernos del frío, pero el visor de mi casco y mis gafas se empañan, dejándome sin visibilidad, rápidamente abro el visor, el gélido viento araña mi rostro,  me bajó las gafas pero un lente se sale del marco y cae de la moto…

“Tres días antes…”

Entramos a Georgia con la emoción a tope y el tanque vacío, la frontera es un poco caótica con vendedores ambulantes y decenas de locales de cambios de divisas, la carretera es de dos carriles de doble sentido, mucha gente al lado y lado de la ruta vendiendo alimentos y otras cosas, aceleró dejando esa locura junto con Turquía a nuestras espaldas, tomamos una ruta secundaria, rodando por un sinuoso y curveado camino que iba delineando el cauce de un mediano rio en medio de dos verdes montañas.

Al atardecer empezamos la ardua y complicada tarea de buscar un “hotel mil estrellas”, encontrando un sitio ideal en la rivera de aquel río.

Estábamos descansando cuando de un momento a otro nuestra carpa se ilumino un poco, nos alertamos y rápidamente Salí de ella, y a unos 50 metros tras unos árboles se veían destellos de unas 4 linternas, y dos voces femeninas gritando algo en idioma Georgiano o Ruso.

Me paré fuera de la carpa y todo lo que nos separaban de esas personas era una hilera de árboles, se veía que caminaban de un lado para otro, como buscando algo, de pronto la luz de una linterna nos indicaba que una de esas personas iba en dirección a nosotros, nos “armamos” de valor jejejeje para ver qué querían, pero de pronto dio media vuelta y no vimos más la luz.

Esperamos algunos minutos y  de un momento a otro no veíamos las luces, ni siquiera vimos señal de que se hubieran ido, solo desaparecieron, así que decidí ir y buscar para ver si era gente acampando, pero no había absolutamente nadie, me regresé a la carpa y nos acostamos a dormir (o eso intentamos), el frío se sentía pero no era extremo, (el de dos días después fue terrorífico), al amanecer los pasos de unas vacas nos despiertan, nos levantamos  preparamos desayuno y algo de comida para la ruta.

Salimos de aquel lugar y continuamos bordeando el río, pero a los pocos kilómetros el decadente asfalto se convirtió en una carretera de tierra con hoyos y partes de pantano, empezamos a ascender cruzando por algunos poblados de aspecto natural he imperfectos (igual que nosotros), eso nos hace sentir parte del lugar.

De pronto divisamos en el horizonte todas las montañas nevadas, y según nuestro gps y brújula indicaba que debíamos cruzar, eso me emocionó pero al mismo tiempo me preocupó ya que no sabía si el paso iba estar transitable o si tendríamos que devolvernos, igual seguimos adelante.

Poco a poco empezamos a ver nieve en los costados de la ruta, el ascenso unos cientos de metros antes de la cima se puso aún más difícil con pantano y tramos de nieve, pero al coronar la cima tuvimos como recompensa una villa de un ciento de pequeñas casas con nieve por todas partes y aunque hacía frío el sol lo apaciguaba, por un momento pensamos en acampar en aquel lugar pero no nuestras bolsas de dormir son muy regulares y la pasaríamos muy mal, así que continuamos, era un gran descenso con curvas y riachuelos cruzando la vía.

Viajamos todo el día a una velocidad promedio de 25km/h por el estado de la ruta, al finalizar la tarde de nuevo empezamos a buscar un hotel mil estrellas, nos desviamos por un camino como abandonado y encontramos lugar desde no nos vieran de la carretera, pero ¡ho! Sorpresa, escuchamos el agitar fuerte de un árbol, y vimos como a unos 30 metros habían unas personas recolectando manzanas y subiéndolas a un viejo camión, y nuestro 6to sentido inmediatamente nos impulsó a ir y hablarles.

Al llegar vimos que era dos señores uno de unos 65, el otro de unos 43 años y una señora de unos 39 años todos con rostros y actitudes muy amigables, les comentamos que estábamos viajando en moto,  que somos colombianos (todo el mundo sabe que es  Colombia jajaja) y que íbamos a acampar en ese lugar, nos regalaron unas manzanas y nos invitan a ir a su casa, le hacen señas a Katherine para que vaya en el camión y que yo me vaya con el señor más joven en la moto, sin dudarlo ni un segundo le dijimos ¡genial vamos!.

Tomamos  una ruta de tierra y luego de unos 3 km llegamos a una grande casa de madera a las afueras de un poblado, ayudé a descargar las manzanas del camión, entramos a la casa y el señor encendió la chimenea,  y usando nuestro traductor de español a ruso (no teníamos el Georgiano) (menos mal el señor sabia ruso jajaja) y así pudimos compartir algunas historias, también saber que ellos que son agricultores, tienen uvas, manzanas y algunos productos procesados para la venta, y que tienen dos hijos ya grandes que viven en la ciudad, luego de una espectacular cena, nos fuimos a dormir en una camada cómoda y calientica. Sin saber,  lo dura que iba a ser la siguiente noche…

Al otro día desayunamos, nos despedimos de estas bellas personas y salimos a la ruta, era un día frío y el registro de altitud del gps indicaba que debíamos ascender hasta los 2300 msnm (sé que no es mucho) pero en invierno la más mínima variación de altitud hace que el las temperaturas bajen aún mucho más, nos preparamos mentalmente para ello, pero el frío nos agotó rápidamente y solo rodamos hasta casi las 3 de la tarde, empezamos de nuevo a buscar un hotel mil estrellas esa pampa a más de 2000 msnm, cuando al lado de la carretera vemos una serie de casas con paredes piedras, nos percatamos bien y estaban como abandonas, nos detenemos he ingresamos a varias de esas casas, todas parecían abandonadas, (suponemos que las usan en verano los pastores de la zona), pues parecían casas para cuidar animales, con paredes de roca con baraque en el interior, techo de madera cubierto con tierra, una pequeña ventana y una puerta de madera, impulsados por el frío y el cansancio decidimos quedarnos en una de esas casas… jumm sin saber la horrible noche que nos esperaba, resulta que…

Armamos la carpa dentro de aquella casa, y dejamos a saphira cerca de la puerta cubierta con un plástico, dirección bloqueada y candado en  la llanta, entramos a la carpa e intentamos calentarnos y al percatarnos aún era muy temprano casi las 4 de la tarde, teníamos esa incertidumbre si de pronto los dueños de esas casas estaban pastoreando y regresarían más tarde, eso nos mantenía alerta, la noche llego rápidamente y todo estaba realmente muy oscuro, no había diferencia entre tener los ojos abiertos o cerrados.

Solo se escuchaba el ensordecedor sonido del silencio, de pronto escuchamos sonar el plástico de la moto, inmediatamente me paro para ver qué sucede pero no era nada, esto aconteció en varias ocasiones, pero no era el viento, de pronto empezó a llover y el sonido de la lluvia sobre aquel plástico nos tranquilizaba un poco, la lluvia cesó,  y de nuevo el ensordecedor silencio nos permitía escuchar el más mínimo ruido a nuestro alrededor, de pronto escuchamos cómo caían pequeñas piedritas  sobre nuestra carpa, para tranquilizar a kathe le digo que el frío encoje la madera y que eso hace que se desprendan granos de tierra del techo, (la verdad creo que había algo sobre el techo), pues los granos de arena se escuchaban de seguido y luego nada de nuevo silencio.

De pronto escuchamos pequeños pasos sobre el plástico en el que ponemos la carpa, le digo a kathe que parece que es una rata, hago algo de ruido y de nuevo el ensordecedor silencio, esta escena se repitió unas cuantas ocasiones mas durante la noche,  sumándole el frío que se sentía, yo cada dos horas me levantaba, calentaba agua, la metía dentro de una bolsa de caucho y se la pasaba a Kathe para que se calentara, yo tengo más resistencia al frío.

Luego de un rato decidimos ignorar los pequeños ruidos del plástico de la moto e intente dormir un poco, cuando siento que kathe me despierta y me dice “Escuchaste eso?”  ya iba a responder cuando escucho el ladrar de un perro pero fue un único “ladrado de perro (Guao)” y nada más, ella me dice que fueron 3 veces, me paré inmediatamente para ver que podía ser, pero afuera había una densa niebla y no se veía absolutamente nada, me quedé en silencio esperando a escuchar o ver algo más pero nada, absolutamente nada.

Unas horas más tarde el ensordecedor sonido del silencio fue interrumpido de nuevo con ladrido del perro pero con un único (Guao) y no más, esta vez no me levanté pues me mi cuerpo se enfriaba demasiado cada que lo hacía.

No sabemos cuánto dormimos si horas o minutos, pero pronto vimos el amanecer, gris y muy nublado, sabíamos que el día iba ser frío, preparamos desayuno nos alistamos y mientras cargábamos la moto empezó nevar.

Calentamos a saphira, pero al encender el  gps me percato que le falta la mitad de una tecla y que tiene la antena carcomida, suponemos que fue una rata la que hizo eso, bueno ya qué, hay que continuar.

Salimos a la ruta, y el frío me obligaba a ir bajo los 60km/h pues la sensación térmica bajaba de los -10 grados, saphira toda una guerra no le afectaba el frío en lo más mínimo, analizando la ruta, en busca de la frontera con Irán, vemos en el gps que debemos ascender un poco más casi hasta los 3000msnm, continuamos la y cada vez el frío era más y más fuerte, yo verificaba todo el tiempo el estado del asfalto cuando de pronto…

… hay una densa niebla y no podemos ver a más de 3 metros, la carretera  es angosta y de doble sentido, la temperatura está rodando los cero grados, encorvamos un poco nuestros cuerpos para protegernos del frío, pero el visor de mi casco y mis gafas se empañan, dejándome sin visibilidad, rápidamente abro el visor, el gélido viento araña mi rosto,  me bajo las gafas pero un lente se sale del marco y cae de la moto…

Me detengo a un lado de aquella angosta ruta sabiendo que no nos ven, le grito a kathe que debe bajarse para buscar el lente, y veo por el retrovisor como ella se pierde entre la densa neblina, me disponía a bajarme de la moto cuando ella aparece a mi lado con el lente en la mano, casi llorando del frío, partimos de nuevo, durante unas cuantas horas dentro de esa neblina, parecía que nunca iba a terminar, luego la carretera empieza a descender  dejando la neblina sobre nosotros y vemos como el gps indica que vamos bordeando la frontera entre Turquía y Armenia con rumbo al sur, al bajar hasta los 1000msnm aunque aún se sentía frío ya no era tanto, nos detenemos para calentarnos con el motor de saphira, luego de unos minutos continuamos ruta y aquí estamos a 80 km de la frontera con Irán en la búsqueda de nuevas aventuras.

Muchas gracias por viajar con Klaps.